CLUNIA-COLONIA-SULPICIA
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CLUNIA-COLONIA-SULPICIA

Clunia Sulpicia fue una ciudad romana cuyos restos se encuentran en lo alto de un cerro en el término municipal de Peña del Castro, perteneciente al Ayuntamiento de Huerta del Rey, en el sur de la provincia de Burgos. En esta elevación de más de 1000 metros de altura y 130 hectáreas de extensión, se desarrolló una de las ciudades romanas más importantes de la península como cabecera del Conventus Cluniaciensis, sede de una de las 7 asambleas jurídicas de la provincia Tarraconensis.

Según las crónicas de los autores latinos se ha podido constatar que en el entorno existió ocupación en época prerromana por tribus celtibéricas, los arévacos, establecidos en pequeños núcleos elevados como el que se encuentra en el “Alto del cuerno”, ubicado en frente a la ciudad romana. De su denominación del territorio como “Clounioq” derivará el nombre de la Clunia arévaca, de la cual no se conoce con exactitud su emplazamiento pero se intuye que sería el del cerro anteriormente mencionado, pues en la ubicación actual solo fueron hallados vestigios a partir del cambio de era. Lo que si se tiene constancia es su implicación en las guerras sertonianas, su apoyo a los vacceos tras la caída de Numancia y su sometimiento a manos de Afranio (57 a.C.).

Posiblemente para sofocar estas rebeliones celtibéricas los romanos optaron por mantener un puesto fijo en el “Alto del Castro” creándose así la Clunia romana, la que desde el reinado de Tiberio (14-37 d. C.) contará con el estatuto de municipio romano, se establecerá como capital de convento jurídico a mediados del S. I d. C. y posiblemente obtendrá del emperador Galba su denominación “Sulpicia”. Noticias sobre su estatus de colonia serán registradas por primera vez en el s.II d.C. ya conocida como “COLONIA CLUNIA SULPICIA” y pervivirá aproximadamente hasta el s.VII.

Su importancia como centro económico y político desencadenó un floreciente desarrollo de la ciudad, atestiguado por los restos encontrados en las sucesivas excavaciones que sacaron a la luz elementos que nos hablan de una de las ciudades más desarrolladas de su tiempo, oculta hasta entonces bajo los sedimentos y empleada como cantera de la que extraer piedra para las construcciones del lugar. Las primeras excavaciones documentadas corresponden a Juan Loperráez, en la segunda mitad del s. XVIII, levantando un “Plan Ichnographico de Clunia” en el que identifica la ciudad y distintos restos. A partir de entonces se sucedrán las excavaciones de Narciso Sentenach e Ignacio Calvo en Los Arcos (entre 1914 y 1916), Blas Taracena  (1931-1934. Declaración de Monumento Nacional), Pedro de Palol (1958- 1995) y Francesc Tuset y Miguel A. de la Iglesia (1995-2017), esta última etapa centrada sobre todo en su puesta en valor, protección, investigación y difusión.

En cuanto a los restos arqueológicos de la antigua Clunia que vieron de nuevo la luz podemos destacar un teatro excavado en la roca, varias domus con mosaicos, recintos termales, el foro con parte de sus edificaciones, cloacas y un abastecimiento hidráulico, así como otros vestigios escultóricos de gran calidad (Efigie de Isis y torso de Dioniso), restos cerámicos, epigráficos, bronces, etc. Cabe indicar que no está excavado en su totalidad.

El teatro se encuentra en el camino de acceso a la ciudad, colgado en la ladera del cerro dónde se talló parte de su graderío, presentando columnata de acceso. La fachada escénica, de la que a día de hoy conservamos escasos fragmentos, estaba compuesta por dos pisos con columnas corintias y esculturas además de otros elementos comunes en este tipo de arquitectura. En el siglo II la escena y parte de la orchestra y la ima cavea fueron modificadas para albergar espectáculos de fieras.

Del foro (s.I), lugar dónde se desarrollaban las actividades políticas, comerciales, judiciales y religiosas, podemos apreciar su planta rectangular de 160 m de longitud por 115 de anchura, conservando en su margen noreste los cimientos y basas de las columnas de la basílica, los restos de las tabernae de doble pórtico en la parte oriental y occidental y, en el sur, el basamento de un templo de planta rectangular dedicado a Júpiter, tras el que se aprecian otros restos de finalidad religiosa.

De los recintos termales, lugares tanto de higiene como de ocio, se conocen tres ejemplos: unas pequeñas en el Foro y los dos edificios del conjunto termal de Los Arcos. Los dos edificios de Los Arcos (s.I) son independientes y están separados por un pórtico, pero formaron parte del mismo recinto, ubicado sobre unas lagunas subterráneas que abastecían de agua a la ciudad. Los arcos I no está excavado en su totalidad, pero de él se aprecian parte de las distintas estancias, mientras que el edificio Los Arcos II nos muestra un conjunto simético de grandes dimensiones doblado en funciones a partir de un eje longitudinal (estancias masculinas y femeninas), con patio y piscina interior.

De la arquitectura doméstica podemos destacar la llamada Casa de Taracena (s.I-IV), en el centro de la ciudad y muy próxima al foro, de grandes dimensiones y objeto de numerosas reformas, las cuales nos dejan muestras de un gran peristilo, amplias estancias con mosaicos y habitaciones subterráneas. Otros ejemplos son la Casa nº 3 (s.I-IV), que presentó restos de mosaicos y pinturas; la Casa Triangular, con mosaico en blanco y negro, y la Casa de Las ciegas (s.I), con una planta subterránea de cuevas y oquedades. A mayores se descubrió el Edificio Flavio, una construcción con una planta rectangular rematada en semicírculo, con dos espacios situados en torno a un peristilo y entrada porticada. Se desconoce su función y sobre él se edificó en el siglo XVII una ermita.

Por último indicar que en subsuelo de la ciudad (no visitable) se encuentra la Cueva Román, un conjunto formado por galerías y lagunas subterráneas que abastecieron mediante afloramientos y pozos a la ciudad, y en los que se encontraron inscripciones y señales de trabajos de explotación y mantenimiento. En una de las cavidades del conjunto se encontraron también figuras fálicas, máscaras, barro modelado y marcado, inscripciones, etc., que demuestran su utilización por personajes de relevante posición social, considerándolo un lugar de carácter sagrado (Santuario Priápico) y valor social.

By |2018-05-16T14:36:02+00:00abril 8th, 2018|Divulgación, Viajes|0 Comments

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