El conjunto arqueológico del Castro de Viladonga está situado en el ayuntamiento lucense de Castro de Rei, emplazado sobre una elevación de 550 metros y que nos permite observar un amplio panorama de la Terra Chá lucense, el valle dónde nace el río Miño y las sierras de Monciro y Pradairo. Este yacimiento, declarado Bien de Interés Culturalcon categoría de monumento por la Xunta de Galicia, es uno de los mas representativos de la Cultura Castreña, ocupado con continuidad desde los siglos III-V d.C. Cronologicamente cabe indicar que se desarrolló en la etapa final de la cultura de los castros, período de convivencia y mestizaje entre la cultura nativa y el pueblo conquistador romano (galaicorromanos). No obstante los trabajos arqueológicos permitieron también documentar un nivel de ocupación prerromano anterior (s. I-II a.C), del que todavía se descoñece la extensión y relevancia antes de la fortificación galaicorromana.

Tras las sucesivas campañas de excavación  bajo la dirección de Chamoso Lamas y Felipe Arias Vilas (desde 1971 hasta la actualidad) el yacimiento vió la luz: una acrópolis casi circular de unos 10.000 m2 de diámetro rodeada de unha serie de murallas y fosos, además de unhas amplias zonas al Oeste y  Sur denominadas antecastros.

La acrópolos concentra el espacio habitacional, organizado por medio de un sencillo urbanismo adaptado al terreno y que aprovecha los recursos da zona. El castro posee solo dos puertas, al Este y al Oeste, de las cuales la del Este es la principal. Consta también de dos vías principales que se cruzan, norte-sur / este-oeste,  y un tercer camino paralelo a la muralla principal. A partir de estes ejes vertebradores se disponen las vivendas a modo de barrios, con espacios entre ellas que permiten la circulación.

Las vivendas estaban en origen realizadas en su mayoría enpiedra local y  pizarra,  agrupadas en unidades habitacionales que alternan las formas circulares más tradicionales y las formas rectangulares ya más evolucionadas. Las cubiertas estarían elaboradas a base de ramas y paja o cubiertas con tejas de barro, innovación introducida polos romanos en el noroeste. El suelo  sería de tierra compactada o enlosados, levantándose sobre el nivel del suelo para evitar la entrada del agua. Podemos apreciar también las soleras de entrada o bien escaleras bajas que nos conducen al interior, al mismo tiempo que  restos de lares y hornos  realizados en piedra.

Además de las vivendas tenemos constancia de otras edificaciones como los talleres de artesanos, debido a los restos encontrados en su interior o de  la particular disposición de las misma, y de una gran edificación de forma cuadrangular que, según diversos estudios de los investigadores del yacimiento, podería tratarse de una vivienda con carácter social que los habitantes del castro emplearían como lugar de reunión o lugar de culto.

La importancia arqueológica y el interés histórico del Castro posibilitaron que en 1983-86 se fundase en el lugar el Museo del Castro de Viladonga, dotado de diferentes servicios y salas con el objetivo de guardar, investigar, conservar, expoñer y difundir la gran cantidad de materiales procedentes de las excavaciones realizadas (cerámica, orfebrería, utillaje, herramientas, etc.), así como el mantenmiento del propio sitio arqueológico y su integración en el entorno cultural.

Miriam Fernández Otero.